lunes, 16 de diciembre de 2019

¿Sabía usted cuales son las consecuencias de tratar situaciones de la vida como si fueran enfermedades?



INTRODUCCIÓN
La presencia excesiva de la medicina en nuestras vidas y el deseo de un estado de bienestar absoluto ha expuesto un fenómeno que llama cada vez más la atención del mundo: La medicalización. Este término describe el proceso en el que aspectos de la vida humana se definen y tratan como problemas médicos, usualmente como enfermedades o desórdenes (1). Por ejemplo, al hecho de presentar dificultad para adaptarse al trabajo luego de unas plácidas vacaciones se le conoce como síndrome postvacacional o fingir ser feliz en un estado depresivo hoy en día es conocido como síndrome del sisi (2).

Pero, para explicar de manera más clara este concepto, es importante recordar cómo hace unas décadas no se nombraban algunas patologías que hoy en día parecen ser muy recurrentes. Los estudiantes de medicina del siglo XX no escucharon mencionar condiciones como el desorden hiperactivo y deficit de atencion (DHDA), anorexia, síndrome de fatiga crónica (SFC), desorden de estrés postraumático (DEPT), desorden de pánico, síndrome premenstrual (SPM) (3).

Claramente, el número de problemas de la vida que se definen como médicos ha aumentado enormemente. ¿Significa esto que hay una nueva epidemia de problemas médicos o que la medicina está en mejores condiciones para identificar y tratar problemas ya existentes? ¿O significa que toda una gama de problemas de la vida han recibido diagnósticos médicos y están sujetos a tratamiento médico, a pesar de la dudosa evidencia de su naturaleza médica? (3)

Tradicionalmente, se consideraba que la medicalización era impulsada por la profesión médica y los médicos, cuya autoridad y poder culturales les permitieron aumentar la jurisdicción médica sobre la salud y la sociedad de las personas, lo que resultó en lo que Illich describió como "imperialismo médico" (3).

Análisis más recientes resaltan la medicalización de muchos aspectos de la vida e identifican algunos impulsores cambiantes, particularmente en los Estados Unidos y Europa, los intereses de la industria farmacéutica de crear nuevas categorías de enfermedades para vender medicamentos, el aumento de la biotecnología y la genómica, y los sistemas de salud como la "atención administrada" que limitan la provisión o la elección, todo lo cual ejerce un poder creciente para definir problemas de salud "legítimos" (3).

Paul Conrad, propuso que la medicalización tiene 3 motores:

Los consumidores constituyen el primero de ellos, porque las personas utilizan cada vez más la terminología médica para analizar su propia salud influenciada por la televisión y la Internet. Además, los anuncios alientan a las personas a considerar las necesidades de salud que de otro modo no habrían pensado. Están surgiendo nuevas representaciones sociales de la salud y la enfermedad, por ejemplo, las representaciones de la belleza idealizada y los "tratamientos" paralelos de la cirugía estética (1).

La tecnología es un factor impulsor de la medicalización por muchas razones. Primero, las nuevas herramientas de diagnóstico significan más posibilidades de descubrir enfermedades. Sin embargo, a menudo los factores de riesgo se consideran patológicos y, por lo tanto, se tratan. A veces, el "descubrimiento" de nuevas enfermedades es realizado por empresas farmacéuticas que también tienen el tratamiento "correcto"(1).

La administración de la atención médica también es una fuerza de medicalización. Por ejemplo, considerar la depresión como una condición causada por un desequilibrio químico legitima un tratamiento basado en medicamentos en lugar de psicoterapia costosa. Sobre estas bases, los problemas sociales se transforman en problemas médicos (1).

MENSAJES CLAVE
La importancia de este tema radica en que se está frente a un problema de salud pública: el poner etiquetas de enfermedades a individuos sanos conlleva necesariamente a un uso irracional de medicamentos y al aumento del gasto público. Por ello es necesario que el lector que se ha encontrado con esta publicación tenga en cuenta los siguientes aspectos con el fin de tomar conciencia ante la inevitable medicalización en la que se encuentra la sociedad del siglo XXI.

Es necesario que la sociedad en general tenga en cuenta que en el medio circulan mensajes de carácter publicitario, es decir pagados por una empresa con intereses en el consumo. No por el hecho de aparecer en televisión o redes sociales, se debe pensar que el medicamento nuevo o difundido se necesita o  asumir que se padece de una enfermedad.

La definición de la OMS sobre el estado de salud absoluta debe ser considerada con un pensamiento crítico ya que no se trata de caer en la obsesión por la búsqueda de una salud perfecta, ya que no existe. Es necesario que el lector sea advertido que el miedo siempre ha sido una forma de manipular a las personas para favorecer los intereses particulares de un grupo minoritario, a este hecho no ha escapado la salud.

“La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades.” -OMS, 1948 (4).

Como menciona Pérez, generar en la sociedad una angustia desmedida por síntomas banales, hace que los individuos se vean vulnerables ante la etiqueta de enfermedad impuesta (2). La calvicie, la timidez, la menopausia, fingir ser feliz en una estado depresivo o el no querer trabajar luego de un periodo de vacaciones, no se trata de enfermedades que requieren de un tratamiento farmacológico sino que son situaciones de la vida que a lo mejor, según su gravedad, pueden ser considerados como sufrimientos o malestares, razón por la cual la sociedad debe cambiar su propia percepción de la salud para no tratar como enfermedad lo que no lo es.

Por otro lado, los profesionales del área de la salud deben ser conscientes del problema que hay detrás de un uso irracional de los medicamentos, el impacto que ello genera sobre la vida individual de las personas y el gasto público implicado en el tratamiento de estas “enfermedades”. Como sostiene Quadrelli, el personal médico puede estar fácilmente tentado a caer en la medicalización ante las presiones económicas, sin embargo, es necesario en estas situaciones analizar de una manera objetiva lo que en realidad representa un estado de enfermedad para evitar querer abordar todas las diferencias de la sociedad como si se tratara de patologías que requieren un tratamiento farmacológico, es decir, que habrá que preguntarse hasta dónde llegan los límites del papel de la medicina en la reducción del sufrimiento (5).

En común acuerdo con Pérez 2013, sí estos sufrimientos y malestares que forman parte de la vida de las personas no se consideran como una enfermedad pueden obtenerse mejores resultados que los obtenidos con una medicalización de la misma (2). Por ejemplo, habría que preguntarse hasta qué punto es necesario la prescripción de antidepresivos como la Paroxetina en personas que les cuesta relacionarse (fobia social) o si resulta ser más beneficioso hacer entender que se trata de eventos propios de la vida en la que cada persona actúa de una manera diferente y no por ello es malo. Quitar la etiqueta de “ansioso” a una persona, no sólo podría mejorar su calidad de vida, sino que además se disminuye el riesgo asociado al uso irracional de estos medicamentos, dado que por ejemplo la Paroxetina se ha asociado con eventos que van desde defectos congénitos, anomalías cardíacas hasta cáncer de mama (6).

También es competencia de los laboratorios farmacéuticos responsabilizarse por los productos que comercializan, sean de venta libre y, por tanto, expuestos mediante internet y/o televisión, o medicamentos de venta bajo fórmula médica que deben anunciarse en publicaciones de carácter técnico o científico para los profesionales de la salud. El titular del registro sanitario es quien responde ante la entidad de inspección, vigilancia y control (INVIMA) en caso de que ocurra alguna vulneración, mediante el contenido del material publicitario, a la salud individual y colectiva, por el incumplimiento de los requisitos exigidos para realizar una correcta divulgación publicitaria del producto, tales como, orientar el uso adecuado, ser objetiva, veraz y sin exagerar las propiedades, y señalar las indicaciones o usos con lenguaje claro, buscando siempre no generar confusión, ni inducir errores (7).

Finalmente este problema debe ser también competencia de instituciones políticas sanitarias, como el INVIMA y el el Ministerio de Salud quienes tienen la capacidad de autorizar qué servicios se prestan a la población. La mercantilización de la enfermedad por parte de la industria farmacéutica puede ser detenida con la rectoría del gobierno para autorizar la comercialización de los servicios adecuados a quienes verdaderamente los necesitan evitando de esta manera el gasto en servicios para atender demandas superfluas (2).

CONCLUSIONES
La medicalización es hoy día reconocida como un problema de salud pública que no sólo afecta directamente a cada persona al asignarle una etiqueta de enfermedad y con ello un tratamiento sino que además tiene un impacto en los recursos públicos. Muchos de estos tratamientos son de tipo farmacológico patrocinado y promocionado por industrias farmacéuticas a través de su divulgación en los diferentes medios de comunicación. El impacto de todo ello es un uso irracional de los medicamentos en personas que no los necesitan. Por esta razón, se hace necesario tomar conciencia de los efectos de la medicalización.

En este documento se ha presentado la necesidad que tiene la sociedad para informarse de lo que verdaderamente constituye una enfermedad y lo que no. También se ha evidenciado el papel que presenta el estado y los profesionales en evitar la propagación de servicios que pueden llegar a tener un alto impacto en la salud de personas que fueron consideradas como pacientes debido a una situación propia de la vida del ser humano.

REFERENCIAS

  1. Maturo, A. Medicalization: current concept and future directions in a bionic society. Mens sana monographs. 2012;10(1):122.
  2. Pérez M, Bobo M, Arias A. Medicalización de la vida. «Etiquetas de enfermedad: todo un negocio.»Medicalization I. ‘Disease labeling: All business.’. Atención Primaria. 2013 ;45(8):434,438.
  3. Conrad, P. The medicalization of society: On the transformation of human conditions into treatable disorders. JHU Press. 2007; 3.
  4. Organización Mundial de la Salud. Constitución de la Organización Mundial de la salud. 1948.
  5.  Quadrelli S. La medicalización de la vida: entre el anhelo y la quimera. Revista Americana de Medicina Respiratoria. 2015;15(1):2-10.
  6. Nevels R, Gontkovsky S, Bryman W. Paroxetine—The Antidepressant from Hell? Probably Not, But Caution Required. Psychopharmacol Bull. 2016;46(1):77–104.
  7. Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos. ABC de publicidad de medicamentos. Disponible en: https://paginaweb.invima.gov.co/images/stories/ABCpublicidad/Cartilla_Medicamentos.pdf [consultado el 15 de octubre de 2019]. 

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